CRISIS: Escapar del dolor y el sufrimiento

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CRISIS: Escapar del dolor y el sufrimiento

CRISIS

UNAS PALABRAS DE ALIENTO CUANDO TODO PARECE QUE SE DERRUMBA

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La palabra crisis consta de dos ideogramas: uno significa dificultad; el otro, oportunidad. Los momentos de crisis, además de conflictos y dificultades impuestas o no, son también momentos adecuados que encierran la oportunidad de nuevas y más amplias posibilidades. La vida es el mejor maestro y buen amigo; y que los momentos difíciles de nuestra vida, aquellos en los que uno se siente desconcertado y todo parece derrumbarse, son precisamente una situación ideal para librarnos de lo que nos mantenía atrapados y para abrir nuestro corazón y nuestra mente más allá de los antiguos hábitos limitadores y, precisamente, este momento puede ser el “profesor perfecto”.

A nivel global vivimos tiempos difíciles; el despertar ya no es un lujo ni un ideal, sino algo críticamente necesario. No debemos añadir más depresión, más desánimo ni más ira a los ya existentes. Se está volviendo esencial aprender a relacionarnos saludablemente con los tiempos difíciles. La tierra parece suplicarnos que conectemos con la alegría y con nuestra esencia más íntima. Es la mejor manera posible de beneficiarse todo el mundo. La forma de comunicar de manera sana con las amenazas y miedos de nuestra vida cotidiana es no hacer daño, no ser agresivos con nuestras acciones, discursos o en nuestra mente y en la de los demás. Crear un mundo sano es la base de una sociedad iluminada donde, podamos cada uno de nosotros mismos, mirarnos honesta y delicadamente. A medida que nos comprometamos más plenamente con este camino de honestidad, resulta muy chocante darnos cuenta de hasta qué punto estamos ciegos a nuestras formas de hacer las cosas que de alguna forma pensamos que los demás también están acostumbrados a ellas. 

Debajo de nuestras vidas ordinarias, debajo de todo lo que hablamos, de todo lo que nos movemos, de todos los pensamientos de nuestra mente, hay una fundamental falta de suelo bajo los pies. Esta ausencia está allí, borboteando constantemente; la experimentamos como inquietud y nerviosismo, y también como miedo. Todo lo que ocurre no sólo es útil y trabajable, sino que es el camino mismo. Podemos utilizar todo lo que nos ocurre como un medio para despertar. Podemos utilizar todo lo que ocurre -ya se trate de nuestras emociones y pensamientos conflictivos o de nuestra situación externa- para ver dónde estamos dormidos y cómo podemos despertar completamente, totalmente, sin reservas.

No hay nada de lo que sentirse avergonzado. Tratar con el caos nos anima a no sentir vergüenza de nosotros mismos por encontrarnos, en un revés que nos da la vida, en situaciones desfavorables. Podemos hacernos desgraciados o podemos hacernos fuertes, la cantidad de esfuerzo es la misma. Ahora mismo estamos creando nuestro estado mental de mañana, por no hablar de esta tarde, de la próxima semana, del próximo año y de todos los años de nuestra vida.

A veces nos encontramos con personas que parecen sentir un gran bienestar y nos preguntamos cómo lo logran esas personas. Nos gustaría sentirnos así. Ese bienestar a menudo es el resultado de haber sido lo suficientemente valiente para estar plenamente vivo y despierto en cada momento de su vida, incluyendo los momentos tristes, los tiempos oscuros, todas las ocasiones en que las nubes cubrían el cielo. Las circunstancias indeseables de nuestras vidas no tienen por qué desatar nuestras acciones habituales. Por eso se puede decir que cualquier cosa que pase puede ser considerada parte del camino y que todas las cosas, no sólo algunas de ellas, son trabajables.

Vivimos momentos difíciles y se puede sentir claramente la posibilidad de que las cosas empeoren todavía más. Pero estamos ante una sociedad cuya era de coraje puede expresarse a través de experimentar la bondad y abrirse a los demás. En la medida que entendamos esto con el corazón, se enraizarán y florecerán para beneficio de todos los seres sensibles, ahora y en el futuro. 

El problema de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.

Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo.

En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora: la tragedia de no querer luchar por superarla.”

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